A veces hay confusión con la diferencia entre la política fiscal y la política monetaria. Las dos son instrumentos que el gobierno puede usar para influir en la economía, la política monetaria usa las tasas de interés y el suministro de dinero, y la política fiscal se refiere a los impuestos y gastos que usa el gobierno para estimular la economía.
Hay dos formas en que el gobierno usa la política fiscal para influir la economía: impuestos y gastos. En periodos recesivos durante los cuales el desempleo aumenta y los negocio disminuyen, gastos del gobierno son una forma de estimular la actividad económica. La reducción de impuestos es otra forma por la cual el gobierno puede regresar dinero al consumidor durante una recesión y así estimular el crecimiento de la economía. A la inversa, durante tiempos de expansión económica, el gobierno puede aumentar impuestos, reduciendo así el dinero que el consumidor tiene disponible en un esfuerzo para moderar la expansión económica y calmar la inflación.
El Paquete de Estímulo Económico de 2009
Un ejemplo de la política fiscal en acción es cuando en marzo de 2009 se aprobó el paquete de estímulo económico de $787 billones del Presidente Barack Obama que combina gastos del gobierno y reducciones de impuestos en un plan de siete partes para proporcionar el alivio al consumidor, alentar gastos del consumidor, crear empleo, y estimular la producción de los negocios.
Unas formas especificas por las cuales el paquete de estímulo pretende mitigar los efectos de la recesión incluyen la creación de nuevos trabajos, mejoras a los beneficios de desempleo, el seguro de salud para los desempleados, la rebaja de impuestos para individuos y negocios, reducción en los costos del cuidado de salud, y pagos de $250 para la recuperación de la economía a más de 52 millones de personas que reciben beneficios del seguro social.
La política fiscal actual en los EE. UU. a veces se le llama una política relajada o expansiva, una en la cual los gastos del gobierno son mayores que los ingresos. Lo opuesto se conoce como una política fiscal ajustada, una contracción fiscal, durante la cual los ingresos son mayores que los gastos. Durante una expansión fiscal, en la cual estamos, el efecto deseado del gasto es restablecer la producción de los bienes y servicios, el producto interno bruto y poner empleados del regreso al trabajo. Esto a su vez aumenta la demanda por bienes y servicios y la salud en general de la economía.
Por supuesto el problema con la política fiscal es que no tiene el mismo impacto en todos. Una decisión de la política fiscal, como un aumento de los impuestos, que afecta solamente a un grupo económico en particular, o a una circunscripción específica, pudiera ser percibido como una decisión injusta por ese grupo. Del mismo modo gastos del gobierno podrían beneficiar solamente a un segmento específico de votantes, creando dificultades con otro segmento. Una de las controversias más grande de los políticos y una que hace la implementación de la política fiscal muy difícil, es cuánto debe participar el gobierno en la economía.